Salimos tempranito en tren dirección Cádiz, para luego montarnos en el catamarán que nos llevaría al Puerto de Santa María.
Allí teniamos concertada una visita a unas Bodegas con una pequeña degustación incluida. Aprendimos mucho sobre la elaboración de los vinos y cómo se veneciaba. Arte éste que se me dió fatal.
Los jardines muy cuidados pero el interior... sigo pensando que una manita de cal y un fregaito no le harían daño al vino.
Y ya después de haberlo probado todo, menos el jamón que parece ser seguían cortándolo, nos fuimos a una conocida marisquería a tomarnos unos buenos papelones de mariscos y pescaito frito dónde nos reencontramos con todos los guiris compis que habíamos tenido durante la visita (fueron recomendados).
Ya mas relajaditas, y entre charlas, risas, el helado con la excusa para combatir el calor y el cafelito de rigor, se nos echó encima la hora de volver. Eso sí. Esta vez en tren del tirón para casa.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado
